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Cuando CO2 representa beberme una copa de vino?
Será el CO2 la nueva moneda de cambio del futuro? El medio ambiente está en boca de todos, ya sea de manera objetiva, oportunista o interesada. Pero lo que es una realidad es que se habla y mucho. El motivo es claro, el cambio climático. Se puede discutir si las previsiones serán de un grado arriba o abajo, pero lo que ahora ya no se discute es que estamos experimentando con la capacidad de calentamiento de la tierra, y el resultado aunque incierto no es muy alentador.
El efecto invernadero es indispensable para mantener las condiciones idóneas de vida en la tierra. Los rayos de sol que llegan, rebotan con la atmósfera y esto provoca un aumento necesario de la temperatura para permitir la existencia de vida. Si no fuera así, haría tanto frío que no habría vida tal y como la conocemos actualmente. Obviamente, el caso inverso es el exceso de efecto invernadero y el exceso de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) que provocan un aumento de rebotes haciendo que el porcentaje de radiación solar que se queda en la tierra sea superior al necesario y en consecuencia se produce un recalentamiento de la tierra.
La acción humana representa del orden de un 15% de las emisiones de GEI, teniendo los océanos como grandes emisores. Pero este porcentaje humano es lo que está provocando el desequilibrio en los ecosistemas, llegando a unas concentraciones de CO2 nunca vistas, ni en las épocas de las glaciaciones. Todo esto nos lleva a unas proyecciones de aumento de las temperaturas entre 2 y 5 º C para el año 2020, provocando un deshielo acelerado de los polos, la desaparición de las barreras coralinas, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, y cambios climáticos y estacionales.
Un ejemplo de desplazamiento climático se empieza a dar el sur de Inglaterra donde se están empezando a plantar las primeras viñas, lo nunca visto hasta ahora.

Pero ¿qué contamina y cómo se controla?
Aproximadamente el 30% de las emisiones provienen de la generación de electricidad, el transporte representa un 12%, la industria un 5%, la agricultura un 14%, el uso del suelo un 12%, los residuos un 3%, y otras fuentes de energía representan el resto.
Europa se ha posicionado como el impulsor y promotor de estas políticas de mitigación y ha establecido unas directivas donde separa en dos grupos los diferentes sectores emisores. Por un lado tenemos los emisores directos, regulados por los derechos de emisión y representan un 50% del total (sectores energéticos, papeleros, hidrocarburos, cementeros, ...), y por otro tenemos lo que se denomina emisiones difusas que con las que entrarían el resto de emisores (Transporte, residencial, agrario, residuos, ...).
La Unión Europea tiene la clara intención de ir acotando las emisiones difusas por irlas controlando y poniendo límites (ver por ejemplo las regulaciones del transporte aéreo dentro de la zona de la unión europea).
Actualmente, las empresas que no entren dentro de los derechos de emisión, éstas pueden activar políticas de mitigación y entrar dentro de los acuerdos voluntarios de reducción de emisión.
En Cataluña, como pionera en el estado dispone de la Oficina del Cambio Climático (OCCC) y el programa de acuerdos voluntarios, para incentivar a las empresas a reducir las emisiones de forma voluntaria.
Toda voluntariedad y necesidad pasa a ser obligatoriedad en un futuro no muy lejano. Y todas las empresas que se adelanten y se posicionen con políticas de sostenibilidad y medioambientales, además de una ventaja competitiva tanto de marca como de empresa, serán las impulsoras del cambio cuando ya no haya alternativa y todo el mundo se haya de involucrar.
Nuestro vecino francés aprobó el año pasado la ley Grenelle para la mitigación y control de las emisiones, donde establece la necesidad de etiquetado de la huella de carbono de todos los productos vendidos en Francia.

 Pero, ¿qué es exactamente la huella de carbono de un producto?

La huella de carbono es una manera de cuantificar el impacto de una actividad, un producto o una acción humana referida a las emisiones de GEI. En el caso de la huella de carbono de un producto, lo que se analiza es el impacto durante todo el ciclo de vida.
Partiendo del hecho de que toda actividad humana deja su rastro, tiene gran importancia poder medir y cuantificar esta huella para saber qué impacto tienen las actividades llevadas a cabo y poder tomar medidas efectivas para reducirlo.
El análisis es tan amplio y con tanto impacto, que se obtiene una herramienta muy potente tanto a nivel interno como a nivel externo, se dispone de toda la información del ciclo de vida del producto, desde que nace hasta que muere. Pasando por todos los procesos, proveedores, transporte, consumo, reposición, etc.

Y en el mundo del vino, ¿qué hay?
Dentro de los sectores de emisiones difusas, se encuentra el del vino. A diferencia de otros, el sector vinícola y vitivinícola es actualmente uno de los sectores que más se ha movilizado respecto al cambio climático, y se han posicionado como promotores y líderes en el cálculo de la huella de carbono.
Establecer un estándar de cálculo, de procedimientos y una recopilación de las mejores prácticas son a grandes rasgos lo que persiguen organizaciones como la OIV (Organización internacional de la viña y el vino), y la "Wine for Climate Protection" (iniciativa internacional que nace en Cataluña el pasado 2011).
La huella de carbono de una botella de vino, pasa por el análisis de todos los procesos en los que forma parte la producción, transformación, distribución, consumo y reposición del vino y sus envases.
Una vez analizados, se concretan las emisiones asociadas a cada proceso de forma global y de forma específica para tener todas las fuentes y las magnitudes de estas vende identificadas y cuantificadas.
El resultado que se obtiene es la huella de carbono de la botella de vino en kilogramos de CO2 por unidad analizada, en este caso sería la botella de vino.
De todos los procesos, hay quien toma más protagonismo para su gran peso específico. A grandes rasgos, se podría decir que los procesos o productos con mayor peso serían:
Las botellas de vidrio (representan aprox. Un 70% del total), el transporte asociado en los diferentes procesos, las fuentes de energía tales como la electricidad y los combustibles, las fugas puntuales de gases refrigerantes, la gestión de residuos y las emisiones derivadas del fertilizantes utilizados en el campo.
Cada caso y cada actividad es tratada por separado, lo que hace que las comparaciones tengan sentido si se realizan con uno mismo, y así año por año poder ir viendo las mejoras y avances para minimizar la huella de carbono.
Con la identificación de las fuentes y la cuantificación de éstas, se pasa al siguiente paso donde se plantean acciones de mitigación y mejora, optimización de recursos y mejora de la eficiencia. Toda reducción de consumos y de emisiones, conlleva una reducción de costes económicos asociados.
El cálculo de la huella de carbono permite a las empresas posicionarse mejor en el mercado a la vez que obtener una imagen más sostenible, más competitiva, y con una estrategia diferenciadora del resto de empresas.

Y quien lo ha hecho hasta ahora?
Todo esta nueva corriente ha hecho que empresas como Torras calculara sus emisiones durante el año 2011 y fuera declarada empresa verde del año dentro del sector. U otro ejemplo sería el de los cavas Codorniu, que en el 2011 verificó la huella de carbono de su cava Anna de Codorniu por parte de Carbon Trust mediante la PAS 2050, hecho que hizo que fuera el primer Cava verificar la huella de carbono a nivel mundial. A nivel internacional, Mobius, el vino de Nueva Zelanda fue el primero en verificar el vino tinto. Y a nivel nacional, el Verdejo Emina de la bodega Matarromera fue el primero en verificarse.
Actualmente muchas bodegas entre ellos la Viñeta (DO Empordà) están en proceso de verificación tanto de producto como de organización, como necesidad, como reclamo y / o como apuesta de futuro.
En este punto es donde empresas consultoras medioambientales y energéticas como LOWCO2 project, dan soluciones a las necesidades del cliente. Acompañando y facilitando esta apuesta de futuro para un beneficio común.

Pero cuánto CO2 representa una copa de vino?
Y volviendo a la pregunta inicial sobre cuánto CO2 representa una copa de vino, la respuesta no es directa ya que depende del grado de concienciación del productor del vino, de la botella, y de mi elección a la hora de elegir el vino, lo que hará que sea mayor o menor la cantidad emitida de CO2.
Por lo tanto, el indicador económico del precio de una botella ya no es el único parámetro a tener en cuenta si no también la huella de carbono que se erige como el indicador que define las buenas prácticas y buenas acciones hacia el medio ambiente de los productos de proximidad que tienen también como objetivo ser respetuosos con su entorno.

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