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La historia de las barricas es casi tan antigua como la del propio vino. Hay que remontarse 900 años antes de Cristo para encontrar las primeras referencias a las vasijas de madera, no obstante, cabe destacar que su consolidación no llegó hasta el siglo XVII con el auge del transporte marítimo. Su proceso de elaboración también goza de una gran tradición y antigüedad aunque, en la actualidad, son pocas las bodegas que siguen fabricando sus propias barricas de manera artesanal en sus instalaciones. Y es que el arte de crear una barrica requiere una alta especialización por parte de sus artesanos y seguir una serie de pasos específicos tales como el secado, el armado y el tostado, que en ocasiones, pueden extenderse en el tiempo durante años.

Primer paso: el secado
La primera fase del proceso de elaboración es el secado de las tiras de madera que compondrán el futuro tonel, las denominadas duelas. Suelen estar elaboradas con roble, bien americano o francés, según el tipo de caldo que se quiera conseguir, pero ese es un tema que desarrollaremos con detalle en otro post más adelante. Se realiza lentamente y de manera natural, bien al aire libre o en patios y secadores que pueden llegar a contar con miles de metros cuadrados destinados a este trabajo. Este proceso puede llevar años ya que las duelas deben exponerse a las inclemencias meteorológicas como el sol, la lluvia o el viento. Y todas ellas tienen su finalidad. Así por ejemplo, el agua de lluvia llena el poro de la madera dilata por el sol, mientras que el aire facilita la ventilación y el secado final. De esta forma, se consigue perder los taninos verdes que podrían amargar el vino.

Segundo paso: el armado
Después, las duelas se cortan a la misma altura, más estrechas en sus extremos, amplias en la zona central y un poco inclinadas en sus laterales. Una vez que han sido seleccionadas se agrupan hasta que suman una distancia exacta para conformar el perímetro de la barrica o cana. A continuación las láminas se colocan, una a una, dentro de un aro galvanizado para armar la barrica.

Tercer paso: el tostado
Para conseguir la curvatura del recipiente es necesario domar estas maderas con fuego de leña, que se coloca en el interior del tonel. Poco a poco y a medida que se van ablandando se les va dando la forma definitiva gracias al uso de unos tensores. Al final de este proceso se colocan las tapas y se lija.

Último paso: la comprobación
Una vez está conformada la barrica llega el turno de comprobar la calidad y el sellado del recipiente. Para ello, se llena de agua y se verifica que no existe ningún tipo de fuga. En caso de detectar problemas se sustituyen las piezas hasta que se dan por buenas. Es entonces cuando comienza la vida útil del tonel que puede prolongarse hasta un centenar de años.

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