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¿Quien no se ha planteado en alguna ocasión si el vino que le han servido en un restaurante tiene algún defecto? Antes de comentarle al sommelier que sustituya la botella, debemos estar muy seguros de  que realmente el vino tiene algún defecto. A continuación ofrecemos una guía de como detectar los principales defectos, para evitar situaciones incomodas.

Visualmente:

• Color oxidado: El color varía mucho en función de las variedades y la elaboración. Si un blanco o un rosado presentan tonalidades marrones evidentes o un tinto joven es apagado con tonos anaranjados, puede deberse a una fuerte oxidación. Confirme en nariz sus aromas rancios antes de rechazarlo: vinos de color evolucionado pueden ser del todo correctos.

• Trocitos de corcho: Al descorchar la botella se puede agujerear o romper el tapón. Los trozos de corcho que caen no afectan al vino, pero la presencia de estas partículas nos puede distraer durante la fase gustativa. Para evitarlo, tras abrir la botella, con un golpe de muñeca verteremos una pequeña parte del vino en un recipiente aparte.

• Posos: Son sedimentos coloreados de bitartratos y antocianos, propios de los tintos añejos. En vinos más jóvenes también se detectan, porque muchos tintos no se estabilizan por el frío. Con una decantación se separa de la masa vínica. Actualmente no se considera un defecto como tal.

• Lías finas: Son sedimentos de proteinas que aparecen en vinos blancos inestables tras la filtración. Visualmente el vino tiene apariencia velada o turbia. No suele afectar a la fase olfativa y gustativa. Podríamos rechazar el vino en un restaurante.

• Pequeños cristales: Esto ocurre en vinos blancos que no han sido bien estabilizados. Los cristales son bitartratos, sales de ácido totalmente inocuas para el consumo. Es un defecto de elaboración.
El defecto visual no afecta al olfato y al gusto del vino, que será apto para ser catado y bebido. Actualmente, los vinos se clarifican suavemente y por ello este defecto puede ser más habitual.

Olfativamente:

• Humedad: La humedad se vincula al tapón y a la presencia de moho. Sucede cuando los hongos que se reproducen en la parte exterior de la botella atraviesan el tapón y entran en contacto con el vino.

• Sulfurosos: El sulfuroso es el principal conservante del vino. Da un olor punzante y azufrado, que nos remite al olor de las cerillas recién apagadas. Es debido a una adición en exceso de conservante. Si agitamos la copa y desaparece, no hay problema; pero si persiste, es un defecto. Suele detectarse en vinos blancos.

• Huevos podridos: Son olores a sulfhídrico debidos a una baja oxidación durante la elaboración. Se dice entonces que el vino huele a “mercaptanos”. Es un defecto si persiste después de agitar la copa. Aparece en vinos muy concentrados.

• Picado: Un vino está picado cuando notamos el olor a vinagre. En vinos que se están picando, aparece el olor a pegamento Imedio. Decir que un vino está picado es la peor crítica que podemos hacerle a un enólogo.

• Corcho: Se debe al tapón defectuoso. Principalmente, lo causa un compuesto químico llamado tricloroanisol (TCA).

• Oxidado: Este defecto se vincula a problemas en el tapón o problemas en la elaboración. Son olores que recuerdan a los vinos rancios y jerezes, sin serlo.

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